Reseña de “El Invisible” de Ge Fei (格非)

Vivimos rodeados de objetos, de elementos corpóreos. Después de leer “El Invisible”, del autor chino Ge Fei (格非), se puede entender que a esta materialidad tosca también la acompaña una suerte de presencia sutil. En esta novela corta se condensa la angustia de la levedad, de aquello que nunca llega a realizarse.

Ge Fei es el nombre artístico elegido por Liu Yong (刘勇). Nació en la ciudad de Jiangsu en 1964 y se graduó en Lengua China en la East China Normal University en 1985. El ganador de 2015 del Premio de Literatura Mao Dun recrea la vida de un técnico de sonido que sobrevive construyendo equipos musicales de alta fidelidad. Un hombre que poco a poco se vuelve transparente al mundo. Agobiado por su hermana, rememorando la ausencia de su padre (de quién heredó su profesión), mascullando los consejos de su madre, teniendo por amigo alguien que esconde un terrible secreto familiar, este hombre se mueve entre la autocompasión y una pedantería débilmente manifestada.

Esta es la única novela de Ge Fei traducida al español en Argentina. El muy buen trabajo fue hecho por el experimentado Miguel Ángel Petrecca (importante no perderse su antología de poesía china editada por Gog & Magog, “Un país mental”). Sumados a los variados puntos de anclaje occidentales ofrecidos por el autor (las menciones a las obras de Satie, Beethoven y Debussy, entre otros), que ayudan a que el lector occidental se encuentre cómodo en el universo chino, Petrecca agrega la prodigiosa capacidad de elegir palabras y frases que resaltan el universo mundano, bien callejero, en el que se pasean los personajes.

La mención de varios artistas clásicos occidentales y la minuciosa descripción de las piezas alemanas o suizas que utiliza el personaje principal para hacer sus equipos musicales nos muestran, al menos, dos grandes cualidades del autor. Por un lado el trabajo previo de investigación tanto de los compositores e intérpretes como del exclusivo nicho de los repuestos y componentes occidentales de equipos de sonido. Una operación artística, que no se debería censurar si fue hecha adrede, para que el lector occidental acceda a la cotidianeidad del universo chino sin tener esa distancia, bien denunciada en la obra sinológica de François Jullien, que provoca el exotismo. No sé si el autor explícitamente escribió “El Invisible” pensando en poder ser leído fácilmente por lectores occidentales, pero si lo hizo lo logró.

Difícilmente, porque no se nos enseña, podemos hacer un relevo de estas corporeidades invisibles que nos rodean. Sin embargo esta novela logra trabajar en este registro. La cualidad de lo audible, la música, los secretos, las fantasías. Todas estas piezas van conjugando la caída de este personaje que, obligado por el trabajo pedido por un mafioso, tratará de encontrar en todas las sombras de su persona algunos gramos de valentía para solicitar el pago adeudado por el producto vendido: lo que, en principio, parece una nimiedad se transformará en una odisea. Para la cosmología china existen dos formas  fundamentales en la que se manifiesta todo lo existente (阴阳). La primera da cuenta de lo sombrío, lo frío, aquello que va encontrando su disolución. En ese yīn casi pleno (pero no total, porque la separación absoluta de yīn y yáng significan el fin de la vida) es donde encontraremos a este hombre.

Por otro lado, también da cuenta de cómo china, en los últimos años, ha sido proclive a generar lazos y nutrirse de los aspectos culturales occidentales. No necesariamente por considerarlos especiales o mejores (son muy orgullosos de su herencia cultural) sino sencillamente porque esa es parte de su impronta como sociedad. No olvidemos que las múltiples influencias que ha recibido la civilización china, salvo por decisiones imperiales estrictas, han sido aprovechadas y sumadas a su acervo cultural.

“El Invisible” es un reflejo del hastío en una sociedad en plena expansión de producción y consumo, con un hombre que no tiene la valentía suficiente para encarar las responsabilidades y emociones que el tránsito vital asegura. Una obra muy bien lograda que se impone como puerta de entrada para aquellas lectoras y lectores que sienten que China es una mezcla inabordable de dragones, sabios retirados, comunismo y quién sabe qué más. Aquí pueden encontrar la llave a un mundo literario que, pese a la distancia física, se encuentra más cercano de lo que nos parece.

Juan Manuel Grande


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